The Charity Therapy

The Charity Therapy

Las condiciones climáticas en Reino Unido no siempre te lo ponen fácil. Más si estás acostumbrado a un clima de temperaturas medias, con unas precipitaciones medias, a no ser que vivas en Galicia, el clima en UK es un factor que requiere de tiempo para acostumbrarse. Una de las peores cosas que se pueden llevar, son los cielos de color blanco grisáceo que se ven la mayor parte de los días. El clima afecta a la salud y al estado de ánimo en las personas, las bajas temperaturas y la ausencia de luz afloran sentimientos de soledad, tristeza y nostalgia por norma general. El fenómeno conocido como SAD (Seasonal Affective Disorder) que además significa tristeza en inglés, en Inglaterra va más allá de un trastorno afectivo estacional. Un mal día bajo un cielo gris y lluvioso puede llegar a ser un día horrible.

Afortunadamente en Reino Unido existe una alternativa que, a pesar del clima, siempre o casi siempre te alegrará el día; Las Charity Shops. Las charity shops tienen su origen en el siglo XIX cuando el Ejército de Salvación (The Salvation Army) puso en marcha la iniciativa de recaudar ropa de segunda mano para la gente pobre, entre otras acciones caritativas. Tras estallar la II Guerra Mundial, otras organizaciones como la Cruz Roja Británica (The Red British Cross), se sumaron al proyecto con el fin de ayudar a las personas con necesidades. Las charity shops son tiendas de segunda mano donde además de ropa, puedes encontrar todo tipo de artículos que han sido donados por personas que desean simplemente desprenderse de aquello que no usan o quieren. Las organizaciones que respaldan estas “tiendas de caridad” tienen el respaldo gubernamental y existen por una causa social. Además de poder realizar donaciones puedes colaborar con ellos como voluntario y, lo mejor, puedes realizar tus compras allí.

Te propongo pues, una de las mejores cosas que se puede hacer en Reino Unido en esos nefastos días en los que el cielo se te cae encima: The Charity Therapy. No necesariamente necesitas estar SAD para comprar en ellas, pero hacerlo en esos días te puede aportar una sensación especial, porque comprar en una charity shop resta un cuarenta por ciento de consumismo al acto, te distrae del mal día y rara vez sales de ahí con las manos vacías. Recuerdo que en una vez en la que no podía pasar un día más sin que viera algo de cielo, me compré un vestido de novia por 30 libras. Me quedaba como un guante, por cierto, no es que tuviera intención de casarme ni nada de eso, me lo compré y salí de la tienda con una sonrisa de oreja a oreja, tenía un vestido de novia que además fue una ganga. Entré triste como el día a la tienda y salí pegando botes de contenta con los planes para ese vestido blanco. La primera motivación fue encontrarme un vestido de novia por ese precio, he de reconocerlo, y la segunda motivación fue la de disfrazarme, hacer trastadas y gastar bromas, porque la tristeza tiene un efectivo antídoto y es el humor. Además en esto te puedes hacer con diversas rutas, hay charities con más muebles y menaje, otras con más música y libros, por supuesto las que están ubicadas en mejores barrios tienen mejores artículos, pero por norma general está todo en muy buen estado, simplemente esta usado.

La Charity Tehrapy es más completa y efectiva si vas en compañía, pues ya se sabe que cuatro ojos ven más que dos y en estas tiendas puedes encontrar verdaderas reliquias. Si no fuera por el ojo avizor de mi amiga Bea, en una de “esas sesiones de terapia” hubiera perdido la oportunidad de conseguir un tocadiscos portátil de maleta Philips de los años 70, en perfecto estado por 25 libras ¿no está mal, eh? Estar “mantuda” por el clima y salir con una nueva licuadora debajo del brazo, no tiene precio, además fue casi literal, cinco libras esa vez.

Lugares donde puedes encontrar todas las partituras de King Crimson hasta el momento por siete libras, grandes obras literarias a libra por libro, herramientas, todo tipo de ropa usada y seminueva… en definitiva cosas, si, que necesitas o no, pero que te alegran el momento además de servirte de utilidad en un futuro. Como decía antes, el acto consumista se ve reducido en tanto en cuanto sabes que, probablemente la próxima vez que te mudes, vas a donar todo aquello que no te sirva o simplemente de lo que te quieres deshacer. No es el típico “voy de compras”, es un quit pro quo que estableces contigo y con el sistema, un principio de sostenibilidad que también envuelve a estas tiendas o proyectos solidarios, contribuyendo a lo que se conoce como el slow fashion. Seguro que echas un buen rato que te ayude a desconectar, estarás contribuyendo con un proyecto solidario y seguro que sales de ahí con una buena compra. Recuerda practica la Charity Therapy en tus peores días, no te arrepentirás.

La tacaña hospitalidad

La tacaña hospitalidad

Se dice que el escocés es de por si una persona tacaña, un tópico más de los muchos que existen y que difieren con la realidad. Si que es cierto que la sociedad escocesa por norma general, posee una gran capacidad de ahorro y son bastante previsores. Un prueba de ello es el cañón que disparan desde el castillo de Edimburgo. En la capital escocesa se retrasó la hora en la que se disparaba el cañón con el fin de ahorrar en armamento. A día de hoy, a la una de la tarde se sigue escuchando el único cañón, como prueba de su rentabilidad.Desde luego mi experiencia con el pueblo escocés fue todo lo contrario, por norma general es un pueblo divertido y hospitalario.

Llevaba tres semanas en Edimburgo con mi determinación y mi empeño por quedarme allí y tuve un día de estos que se te pone todo en contra. Uno de estos días en los que tanta proyección del dichoso ¿Qué será de mí? te desborda y te tuerce todo lo que te propones. Reconozco que el buscarme la vida en otra ciudad, con otro idioma, sin conocer a nadie y desde cero, es una experiencia llena de altibajos. Antes de llegar, desde España adapté mi currículum según las pautas y recomendaciones que por aquél entonces, el Ministerio de Exteriores y otras entidades tenían disponibles. Cuando llegué a Edimburgo no me sirvió de mucho el modelo europeo que redacté aquí y además de incluir detalles de mi dirección en la ciudad, tuve que cambiar parte de la redacción. Afortunadamente y gracias a uno de los primeros amigos que allí hice, el asunto de mi currículum estaba resuelto y ocasionalmente, me llamaban de extra en un restaurante. Mi sustento allí no estaba resuelto todavía y tampoco tenía piso, dormía en un hostel que me pagaba con horas de trabajo allí y el resto del tiempo lo invertía en buscar, buscar y buscar la manera de arrancar allí. Ese día los nervios me comían y nada me salia bien, buscando la calle del consulado español en Edimburgo, di lo menos cuatro vueltas a la manzana donde me señalaba el callejero y no veía el edificio.

En cuestión de segundos mientras caminaba con toda la frustración del mundo, comencé a llorar, arranqué con un desconsolado llanto que el hombre que venía caminando en dirección contraria, vio desde el primer puchero que hice. Recuerdo que mientras aceleraba el paso extendiendo la mano me decía: No, no, no, don´t cry please, don´t cry. Me cogió de la mano y me ayudó a tranquilizarme. Jhon Macginty del que aún conservo su dirección de correo y con el que no perdí contacto durante toda mi estancia allí. Jhon es un Glaswegian que de vez en cuando viaja a Edimburgo por negocios. De aquella tendría unos 43 años y venía unas dos veces por semana a la capital. Nunca olvidaré su humanidad, su comprensión y por supuesto le estaré siempre agradecida. Cuando conseguí tranquilizarme y poder hablar, le conté que simplemente estaba buscando la calle del consulado español en Edimburgo, que llevaba así como cosa de cuatro vueltas a la manzana y por más que callejeaba no encontraba el edificio. Le pedí mil disculpas pero había llegado the top of my crisis, a todo esto mi inglés dejaba mucho que desear…

A él le hizo cierta gracia la manera en la que se lo expuse y mi situación le arrancó además de ternura una muestra absoluta de hospitalidad y educación. Traté de resolver la situación agradeciendo a Jhon su comprensión e irme lo antes posible para no molestar más a ese trozo de pan. No me dejó, insistió en coger un taxi hasta el consulado y estuvo conmigo en todo momento, yo por deferencia, le invité a un café después de solicitar los formularios y la cita. Me ofreció un contrato de prácticas en su pequeña empresa de Glasgow. Lo primero que hice tras el ofrecimiento fue dudar y sospechar, llegó el prejuicio. Pero su educación estuvo por encima de todo. Me dejó boquiabierta la oferta y la hospitalidad. Yo no lo conocía de nada y siempre he sido muy desconfiada. Rechacé la oferta primero porque yo había decidido vivir en la capital de Escocia y porque, bueno, nunca se sabe. El tiempo y la relación me demostró que no había nada turbio en las intenciones de Jhon y a su vez, él me demostró una hospitalidad y una humanidad que dista mucho de la idea de tacañería que rodea al pueblo escocés y desde luego a mí, me arrancó de cuajo la manía de hacerme ideas preconcebidas.

Burocracia de color de rosa

Burocracia de color de rosa

Tienes ya ciertos años y acumulas unas cuantas horas perdidas en la Administración Pública. Sea por lo que sea y para lo que sea, rara vez sientes que no has perdido tu tiempo haciendo cualquier tipo de trámite. Eso por no hablar de la desagradable sensación que te dejan buena parte de los funcionarios que están al otro lado del mostrador. Esa legión de personas que porta una especie de capa de invisibilidad humana y que te recuerda la inmensa brecha que hay entre tú y tus intenciones para con el Estado. Teniendo suerte te irás del mostrador con mal sabor de boca, otras veces a esos trabajadores les da por decirte todo como si te regañaran por hacer tus trámites.

Por eso cuando te vas a otro país en el que la burocracia es más ligera y el servicio al ciudadano al menos se transmite en apariencia, incluso te sientes en una especie de ensueño. Entras a los lugares donde realizar los trámites, pueden ser bancarios, con el council, da igual, cualquier trámite y no hay tanta gravedad en el ambiente, no hay tanto peso sobre ti. Los colores son más vivos, el ambiente huele a fresa ácida, la gente es más amable. Todo el mundo espera su turno a lo suyo, nadie te toca el brazo para decirte nada, no escuchas ningún resoplido, ni una voz más alta que otra, otro concepto de burocracia.

Llevaba ya un tiempo hecha a esas diferencias culturales y tocaba tomar la decisión de estudiar y sacar más provecho de mi estancia en Escocia. Hablando con una amiga allí, me comentó que en cuanto a burocracia, el sistema educativo de Escocia no era tan complicado. Yo no daba crédito cuando salí de la Edimburgh Napier University donde concerté una entrevista con el departamento de orientación. En ningún momento me preguntaron por las anteriores titulaciones, tampoco si estaban relacionadas, en todo momento se me tomó en cuenta por el mero hecho de tener interés en estudiar, sólo insistieron, y además aún resuena en mi cabeza, en que escogiera la carrera en función de mis gustos y expectativas, sin pensar en nada más. He de reconocer que los primeros estudios que realicé en España los realicé bajo el yugo de las salidas laborales que en un momento dado pudiera alcanzar. En el momento en el que la orientadora me dijo eso, me tembló la barbilla como a Heidi y a punto estuve de ponerme a llorar.

Tomé la decisión después de una de las mejores llamadas telefónicas de mi vida y me trasladé a Glasgow tan pronto recibí la maravillosa carta del Glasgow Metropolitan College para comenzar mis estudios en Producción de Radio. Conseguir esa carta para mí, fue el mejor trabajo de márquetin y venta de mí misma que he hecho nunca. Una vez seleccionada la titulación que quería con absoluta certeza y determinación, busqué la escuela. En este caso la titulación se me ofrecía en Glasgow, entraba en fechas y simplemente quería estudiar. Para la titulación que yo quería pedían un alto nivel de inglés, pero eso no me detuvo y experimenté lo que venía diciéndote al principio de este post, la ligereza burocrática en el sistema educativo Escocés. Fueron al menos tres las reuniones que me hicieron falta con el jefe de estudios de la rama que yo había escogido, para poder comenzar mis estudios allí.

En mi imaginación, en cuanto al trámite, yo visualizaba la formalización de mis estudios allí con un mínimo 750 gramos de papel, sellos estampados en rojo, azul y verde, todo tipo de compulsas e incluso lacro, a la vez que unas cuantas regañinas por ser una ciudadana realizando sus trámites, pero no, lo único que me hizo falta demostrar fue el interés que yo tenía en formarme y la valía que yo tenía para posteriormente, desarrollarme profesionalmente en esos estudios. Nunca le eché tanta imaginación a la descripción de mis aptitudes, si lo hubiera grabado lo hubiera transcrito.

Fácil, fue fácil y tan sencillo acceder a la titulación que yo deseaba -que la parte difícil realizar, los estudios- ya tenía un plus de motivación. Tan sólo una entrevista, una solicitud, una prueba de nivel y mis ganas frente a la cantidad de solicitudes, pagos, sellos, consultas, plazos y regañinas por parte de algunos (muchos) funcionarios en España, por las que en su día tuve que pasar. Sin hablar de la experiencia laboral que pasé mientras estudiaba y trataba de compaginar mis estudios. Según tuve mi horario de clases, sólo tuve que presentarlo en mi trabajo para que me adaptaran las horas de trabajo a mis horas lectivas. Una maravilla, entrar al pasillo del college era como estar en un musical.

Por mi experiencia posterior aquí en España, los trámites a la hora de iniciar cualquier estudio no se han cambiado mucho. Por eso si decides estudiar en Reino Unido, que sepas que estás en lo correcto de alguna manera. En mí queda, aún con el paso de los años, ese buen sabor de boca de conseguir estudiar lo que quería, simplemente por mis ganas e insistencia, sin sufrir las barreras que te impone la burocracia, en países como España. A parte de ese beneficio, el título te abre las puertas internacionalmente, una vez dentro gozas de excelentes recursos, mejoras el idioma y existen determinados descuentos e incluso becas por ser estudiante tanto si estudias part time o full time a día de hoy. Y te aseguro que la experiencia de solicitar cualquiera de estas becas y ayudas no tiene nada que ver con lo que has vivido anteriormente.

Mi yo vehículo

Mi yo vehículo

Estando ya asentada en Edimburgo, llegó la hora de tomar una decisión en cuanto a mi medio de transporte y mi ejercicio físico. Pues bien, ni corta ni perezosa, me dispongo a aunar esos dos dilemas con una maravillosa bici. Eso de ir en bici por la ciudad es algo que una madrileña como yo siempre añora. Además te da un toque cosmopolita que ya es el remate final de todas tus intenciones. Estaba en un país diferente, con una lengua diferente, una cultura diferente, todo diferente y desde luego lo que más me motivaba era hacer cosas diferentes. Usar la bicicleta como medio de transporte era una de las que más me motivaba.

Yo veía circular a los vecinos del barrio de Leith y alrededores, montados en sus bicis, cada cual más bonita y se me caía la baba. Tenían todos un halo de civismo europeo de lo más chic, y yo, empezaba a experimentar con asombro esas cotidianas diferencias entre España y Reino Unido. Esas diferencias que hacen que te descubras diciéndote a ti misma; a ver si es cierto eso de que África empieza en los Pirineos. La mejor opción para comprar una bici, también por aquél entonces, fue hacerlo al más puro escocés, con uno de los proyectos que más ha impulsado el uso de bicicletas en Escocia: The Bike Station. Esta organización recicla, recibe y vende bicicletas desde el año 2002 y además, las tienes de varios precios. Actualmente hay aplicaciones que te indican los mejores recorridos en bici en cualquier ciudad del mundo, pero cuando yo estuve viviendo en Edimburgo, tirábamos de los mapas que te facilitaban en cualquier tienda de venta o reparación de bicicletas. Hoy si te dispones a circular en bicicleta por Edimburgo te aconsejo que le eches un vistazo a Edimburgh Innertube Map. Tienen muy en cuenta los comentarios de los usuarios de bicicletas en la ciudad e incluyen un mapa específico si eres estudiante en Edimburgo.

Por supuesto que viniendo de donde vengo, donde circular en bici es un acto de vida o muerte en muchos casos, me hice con las diferencias en cuanto al reglamento de circulación entre España y Reino Unido, en concreto en Escocia. Me llamó mucho la atención que en Escocia no fuera obligatorio el uso de casco, luego entendí por qué, allí eres considerado un vehículo, el resto son accidentes propios de la circulación, sin más. Lo de circular por la izquierda y estar bien atenta en la diferencia de sentido es algo que, como casi todos, aprendí a base de sustos.

Dispuesta a calcular el tiempo que podría tardar en bici de mi casa al trabajo, cogí mi bici por primera vez para circular por Edimburgo como una más. Tenía absolutamente todo lo necesario para sentirme incluida en ese elenco de cívicos ciudadanos y todo tipo de protecciones. Por supuesto, la bici tenía luces, los frenos funcionaban perfectamente, las ruedas estaban bien y la cadena también. Para tal hazaña, la de montar en bici, me hice con: Un casco, un chaleco reflectante, una rodillera protectora, gomas para sujetar el bajo de los pantalones y a todas estas protecciones y detalles le sumas: el abrigo, el chubasquero y la mochila. Más que una cívica ciudadana del siglo XXI parecía un personaje de Mad Max, pero la idea de utilizar la bici para moverme por la ciudad me gustaba por muchos más motivos.

Enfilada por Leith Walk controlando en todo momento el manillar y circulando por el medio del carril, todo como debía ser, se pone detrás de mi un autobús urbano. Por supuesto el susto fue minino teniendo en cuenta que me esperaba una larga cuesta hacia arriba. Todas las recomendaciones leídas anteriormente no me valieron para nada en ese momento, las pulsaciones a mil por hora, mis piernas a tope de fuerzas, la lengua enrollada en la rodilla. De vez en cuando miraba hacia atrás con cara de pánico y volvía rápidamente la vista al frente, para no mirar demasiado aquella amenaza tan grande que se cernía sobre mi joven cuerpecito. Todo el mundo te advierte de que eres un vehículo más en la calzada cuando montas en bici, pero nadie te dice como sentirte vehículo. Era como en los sueños, que intentas correr y no puedes, pues igual, cuanto más pedaleaba, menos avanzaba o esa era mi sensación.

Cambiaba de marcha y otra vez, pedaleo por allá, pedaleo por aquí esta vez de pie, para dar más impulso y yo con esa inclinación que tenía la cuesta, no podía más. Acostumbrada a los cortos tramos de Madrid por los que utilicé la bicicleta como medio de transporte en un acto de valentía -ya que en Madrid puedes ser considerado muchas cosas, pero en raras ocasiones eres considerado un vehículo si te mueves en bici- ¿Quién me iba a decir a mí que cualquier vehículo, incluido ese autobús iba a respetar mi velocidad y distancia con absoluta normalidad? Yo en aquel momento pensaba en lo joven que era y en lo poco que se debía de estar pareciendo mi cara a la de los felices ciudadanas europeas que montan en bici, con cestita incluida. Debía ser la tercera vez que miré hacia atrás, debíamos ir más o menos por donde cruza Baulfour Street, me di cuenta de que el conductor del autobús se encogía de hombros, en un intento de tratar de comprender esa desesperada carrera que me estaba metiendo cuesta arriba, con cara de pánico. La cuarta vez que miré hacia atrás, ya me di cuenta de las caras de intriga y preocupación de los que estaban sentados junto al conductor. Justo en ese momento descubrí que era un vehículo más en la calzada, una ciudadana europea que utiliza la bicicleta como medio de transporte y el vehículo de atrás, me respetaba, aunque fuera un autobús, ambos podíamos usar el carril. El susto se me bajó de cuajo en cuanto empecé a experimentar el ridículo de aquella situación. Yo, mi maltrecho sentido del ridículo y mi convencimiento ciclista, teníamos que tratar de salir de esa como fuese. En la primera bajada de bordillo que vi, ahí me metí y pude parar frente a un portal, para disimular y asimilar lo que había pasado. Por supuesto, también para coger aire.

Lo que había pasado fue una de muchas diferencias que experimentas en Reino Unido. Muchas de estas diferencias son positivas a favor de su cultura, otras no por supuesto. En este caso esta diferencia te libera y te ayuda a no ir con tanta tensión por la vida. Algo tan lógico como el respeto de las normas de circulación parece relegado a un segundo plano en España. Ni una sola vez recibí un bocinazo, ningún coche me adelantó cerca, nunca sentí que ralentizaba el tráfico aunque a veces yo misma me apartaba por si acaso, era considerada un vehículo más en la calzada y me sentía una verdadera cívica ciudadana europea, afianzada en mi convicción de ciclista urbana. El uso de la bicicleta como transporte es algo que te recomiendo encarecidamente y si tu ciudad lo permite orográficamente hablando, con más razón, sea donde sea. Si puedes utiliza la bici para moverte, son muchas las ventajas. Haces deporte, llegas antes -y si no llueve mucho- puedes disfrutar de tus trayectos por la ciudad sobre ruedas, sin miedo a que alguien abra la puerta de su coche repentinamente.

Nunca pensé en San Valentín hasta vivir en Reino Unido

Nunca pensé en San Valentín hasta vivir en Reino Unido

No sé cómo se me ha ocurrido incluir el día de San Valentín en el título. Ni siquiera en el blog. No sé cómo ha empezado todo, aunque intuyo que éste debe ser uno de los efectos de vivir en Reino Unido. Ese efecto primario o secundario en el que definitivamente ya no hay vuelta atrás ni siquiera para hablar de amor.

Nunca antes de vivir en Reino Unido pensé en San Valentín ni cuando estaba enamorada. Nunca pensé en que me felicitaran ni en felicitar en este día. Mi padre decía que eso eran cosas de El Corte Inglés y de querer vender a toda costa. Yo me lo creí, pero ¡aquí me tienes! hablando de amor el día de San Valentín.

Hoy, para hacer una pequeña celebración tipo británica, he rescatado algunas de las cosas que se hacen en San Valentín en Reino Unido. El día de los enamorados se celebra con más bombo que en Spain is different, me comenta Abel en su email. Desde luego no puedo estar más de acuerdo. La costumbre de celebrar San Valentín es a “todo trapo”, a bombo y platillo, por todo lo alto y no se me ocurren mas adverbios. Y es muy complicado sustraerte de esta celebración ni aunque te escondas en lo más recóndito del lugar.

Hilemos algunos temas relacionados con esta costumbre.

Los regalos “rosas”

 

En Reino Unido son regalos habituales las flores y ¿cómo no? los chocolates. También algunos excéntricos románticos y con dinero pueden hacer otros regalos más inusuales  como un vuelo en helicóptero, un paseo en globo o la oportunidad de probar un Ferrari. Pero definitivamente lo más habitual es la costumbre de escribir y enviar tarjetas de amor a ese amante, amigo, hermano o ser querido. Siempre fue en forma de tarjeta manuscrita que se recibe o se envía por correo. Ahora tenemos las versiones ya impresas y entregadas en mano además de las digitales por whatsup o por FB.

El año pasado recibí una tarjeta de amor el día de San Valentín. Y este año sólo he podido hacerla una foto para el blog y autoregalarme una caja de bombones por aquello de no perder las buenas costumbres. Era una tarjeta rosa llena de corazones en la que se veía escrito su nombre y el mío: Steve, Menchu. Así me llegó: entregada en mano de parte de mi inglés de pro. Yo, ya advertida con antelación, regalé otra tarjeta y una caja de bombones que compré en el aeropuerto. Steve siempre se aseguraba de que yo me enterara de lo que tenía que hacer en estos casos.

Acepté la tarjeta “rosa” llena de corazones. Sí, lo confieso, y eso no hace daño. Lo de los prejuicios no lleva a ningún sitio. Tan sólo le pongo un pero…

¿Pero no sabía Steve que a mi NUNCA me gustó el color rosa?

El color rosa y yo nunca nos habíamos llevado bien. A decir verdad, nunca nos habíamos llevado. Quizá era por aquello de llevar la contraria a lo que debe gustarle a las chicas. Siempre fui un poco rebelde sin causa (y con ella) y procuré no seguir esas normas impregnadas de rosa y azul.

Volvamos a la tradición británica y a esos gustos al rosa en estas celebraciones…

Steve es de esos hombres que siempre saben hacer lo correcto según el manual. Los manuales y los know how están por todos sitios. Pues bien, tomemos el manual universal de buenas costumbres sobre qué hacer con una mujer. Aquel volumen, por ejemplo:

Título: “Cómo hacer feliz a una mujer sin preguntarle nada sobre ella”

o ¿qué tal este otro?

Título: “Cómo proponer matrimonio a tu amor un día de San Valentín en un año bisiesto” .

Este último es por el año pasado y válido para los próximos bisiestos. Ah! y sólo para mujeres. Hay que casarse. ¡qué maravilla! ¡garantizado! parece que si lo propones en un año bisiesto hay muchas más probabilidades de que se produzca tal evento. Además en esos leap years las mujeres tenemos el permiso explícito sin resultar quizá unas lanzadas intrépidas, busconas o especialmente atrevidas. No fue así en mi caso. Pero viene a cuento de que es una costumbre también británica. Tal petición y final feliz no se produjeron porque resultó ser para mi una imposibilidad y una ilusión pasajera de unos meses, hasta que volví a Spain…

Pero me encantan los ingleses. Siempre me quise hacer extranjera y puedo decir que soy anglófila por los cuatro costados. Esto va en serio.

También va en serio mi cambio de opinión sobre el color rosa. A estas alturas puedo cambiar ¿verdad? Y me lo he tomado tan en serio que he hecho el cambio de imagen del blog y de la TIENDA de From Lost to the Tamesis. Verás que ha pasado de ser sólo rojo y gris a llevar tonos rojos y rosas por todos sitios. De este cambio tiene la culpa esta vez Alvaro, mi ilustrador favorito. Ya hablaremos de él y del librito “Bosco” en los próximos días.

Y a propósito de admiración y de amor secreto (esto va por Alvaro que seguro que no me lee) pasamos al detalle de los secretos que se esconden y desvelan en San Valentín.

El admirador secreto

En el día de San Valentín es costumbre enviarse cartas de amor desde hace más de cien años  ¿lo sabías? Pero lo que más me ha interesado es leer que eso empieza a corta edad, en el colegio. Los niños y los adolescentes esperan su carta de amor del admirador secreto el día de San Valentín. Ese es el momento de revelar su secreto.

Para hacer honor a lo anglófilo, he de volver a los manuales. En este caso he extraído las recomendaciones del manual de la mismísima wiki de “como hacerlo …”

“Cómo hacer el día de San Valentín para declararte a ese amor secreto” y he leído incluso que hay diez wiki-hows relacionados. oh! my God!

Desvelemos en inglés qué hacer en tres partes sobre el proceso: Wooing Your Crush, Revealing Your Identity y Getting to Know Your Crush. ¡Estupendo! Leemos aquí despacito y analizamos bien para enterarnos ¿ya? Yo creo que lo he conseguido. Pero ahora llega la hora de la verdad y pasar a la acción.

Tu ¿te atreves?

Yo desde luego, sin ser inglesa, seguro que sería una de las que me encantaría escribir y prepararlo todo. Según reza en la wiki-how el proceso sería de la siguiente forma y manera: hacer el cortejo, revelar mi identidad y finalmente presentarme. ¡uy qué nervios!. Pero definitivamente no me atrevería a revelar ese amor secreto. No creo que me atreviera a cruzar en mi adolescencia la raya de admiración secreta a ese profesor o a aquel chico al que en muy pocas ocasiones pude ir a ver los fines de semana por mucho que me ardieran las entrañas. Nunca mis amores locos y platónicos fueron entre iguales a esa corta edad. ¿O quizá nunca en esto del amor he acertado en la edad? Ahora con 50+ me cortejo(an) los de 40+ aunque finalmente me tachen como posible candidata a novia-amante … fíjate ¿qué sabrán estos jovenzuelos de mi entrega en esto del amor? 🙂

¿Y tú, cómo esperas esa declaración de amor?

Hay cosas universales, como el amor, que atraviesan barreras y fronteras sin que cambie una coma ¿pero surte el mismo efecto hacer una declaración de amor en año bisiesto en Inglaterra que hacerlo delante del patrón de fiestas de tu pueblo en Spain is different?

Pensemos en esa España profunda, en la Macarena, en las fallas, o en las fiestas que sean. O sino, en esa España postmoderna en Madrid o en BarCeloNa. O sino, en cualquier rincón de la península donde se nos antoje estar. Definitivamente ni por lo más remoto me imagino recibir una tarjeta de amor de parte de un caballero español ¿y tu cómo esperas esa declaración de amor? ¿Cómo ha sido tu San Valentín? ¿lo odias? ¿lo amas? ¿te resulta indiferente y pasa sin que te enteres?

Por mi parte me despido ya, y espero y deseo que hayas pasado un buenísimo día de San Valentín. Seguro que si vives en Reino Unido no te habrá pasado desapercibido.

¿Nos cuentas?

Un abrazo con todo mi amor,

Menchu

Brexit y efectos en el QTS de europeos y españoles

Brexit y efectos en el QTS de europeos y españoles

Empecemos con que 63+26+14+9+8+6 no suman 100 (ver este vídeo), ¿suma?

Cuando las cosas no se ponen fáciles, se pueden poner aún más difíciles. Véase el ejemplo anterior en Spain hablando de presupuestos. Por mucho que lo intente él y sus asesores no salen las cuentas, no salen. Así llevamos mucho tiempo. Este último año ha sido el colmo con las negociaciones entre los partidos políticos, que ha resultado sin duda una gran escena de teatro en tres actos. Bueno, ¿quizá dos?

Pero no venía yo a hablar de Spain is different, ya sabemos, sino un remix de propósitos de inicio de curso con el inglés, del Brexit y cómo nos puede afectar si estamos pensado en emigrar a Reino Unido y/a obtener el QTS para ejercer de profe.

 

# Leer inglés es una buenísima práctica para hacerme inglesa

Sí. ha habido el verano y ahora es inicio de curso. Toca una evaluación inicial.

Recordemos que me quería hacer inglesa y eso tiene que notarse en algo.

Leer el primer titular que me llega por email en el The Guardian online todos los días me hace avanzar en mi lista “my three words of the day” de vocabulario en inglés. Una hora leyendo algún titular interesante de la actualidad además me mantiene al día de lo que ocurre en el mundo. Esta es una de las cosas en que se nota. Y dos, es que estos días para colmo me resultan estimulantes las noticias. Hay miles de fotos de portada de Obama en su despedida y recorrido por el mundo y ya sabes que tengo debilidad por este hombre y su particular estilo de bajar del avión. Me encantan hasta sus resbalones. A su hija mayor el viento también le hace de las suyas a su llegada a Madrid (llegada de los Obama a Madrid)

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Pues bien, en estos días he leído mucho sobre el Brexit. Me gustaría con ello hacer un resumen de lo que ha pasado y dónde estamos ahora que empezamos el curso. Voy a ponerme un poquito más seria, a ver si no la fastidio ahora, después de tomarme estas confianzas inconfesables.

 

# Dónde estamos en el Brexit

¿Y esto ahora del Brexit es interesante? ¿es porque hay alguna novedad después de la sorpresa que nos dieron en Junio?

Theresa May retrasa la salida de Europa al próximo año.

No es porque dude en que se hará, sino porque nadie había previsto ni planificado cómo sería la vida después del sí al Brexit. May se ha puesto manos a la obra con un equipo para planificar esa salida y necesita unos meses. Antes del verano ya había dicho que hasta el 2017 no habrá nada, tiempo necesario para que puedan terminar los deberes de “pensar” y “planificar”. Los británicos han dicho que quieren irse, pero no sabemos exactamente que es lo que han votado. Sí, me quiero ir, pero la pregunta es ¿cómo? ¿qué quiero hacer a partir de ahora?

Hubo muchos arrepentidos el mismo día siguiente a las elecciones y muchas búsquedas en google en ese “after” de las elecciones. Algunos se despertaron diciendo ¡ah! ha salido que nos vamos y ¿por qué habré votado salir?

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De nuevo tampoco salen las cuentas aquí. En este caso, no llega a 100 M. la cifra de 350 Millones que los del Brexit iban a destinar a la Seguridad Social ¿cuánto suma?

Cambiar algo que lleva instaurado más de treinta años no se puede hacer en dos días. Hasta ahí es algo previsible ¿no?. Estamos muy al principio de lo que puede ser una salida o una medio salida. Esto supone además un cambio en Europa y también en las relaciones de Reino Unido con el resto del mundo en los próximos años.

¿Y ahora al inicio de curso por dónde vamos?

El Gabinete del Brexit tuvo su primera reunión en forma de “lluvia de ideas”. En serio, así se ha llamado para poder empezar a pensar el tema de la salida. ¿La tarea-Brexit? Pensar antes de actuar. No tanto para resolver una posición común de negociación con Europa sino para empezar a pensar qué tipo de relación quieren realmente los británicos con el resto del mundo.

La Sra. May el fin de semana pasado llegó a la cumbre del G20. Supongo que le ha resultado una buena práctica el estrenarse en su nuevo puesto. ¿Y qué ha sacado en claro?

Estados Unidos ha dicho que los negocios con Reino Unido se los tienen que pensar también, y mucho, ahora que las negociaciones con Europa estaban muy avanzadas con el TTIP . Y Japón ha dicho claramente que establecerán sus mayores empresas en algún otro sitio de Europa.

Así estamos, pues, hechos un mar de dudas todos… ¿qué nos espera? Desde luego que el paisaje no se ve claro. Habremos de esperar, pero parecen muchíiiiisimos cambios en el mundo.

 

# El QTS a examen: evaluación de septiembre

Sin meterme en berenjenales, me dispongo a simplificar lo que me parece obvio desde una simple perspectiva simplificada. La pregunta que se nos ha planteado ¿cómo nos afecta esta salida? ¿Qué puede pasar en relación a los profesores pendientes de irse a Reino Unido? ¿Y el QTS?

Para los que tenemos el QTS, y hemos ejercido de una manera u otra de profes, no hay problema porque ya existe un reconocimiento a la cualificación de profe. Ya está “no nos borran”. Y a los que no lo tienen todavía es de esperar que las normas europeas no se apliquen en el futuro de la misma forma. El QTS que solicitamos actualmente está basado en la directiva europea 2005/36/EC, que permite a los profesores cualificados reconocidos en cualquiera de las naciones de la Unión Europea tener ese mismo reconocimiento en Reino Unido.

Pensemos ahora en las cuentas, pero de cajón, sin trucos como los de antes. Con el Brexit y la salida de Reino Unido de Europa, si es una salida plena no se podrá conceder nada basado en alguna norma europea.

¿Hay que echarse a temblar?

No creo, pero quizá tengamos que solicitar el QTS tal cual lo hacen actualmente los solicitantes no europeos como los australianos, americanos, neozelandeses, etc.. La fórmula todavía no la sabemos, pero conociendo la eficiencia de los ingleses en la resolución de problemas, debemos estar preparados nosotros también para ese cambio.

Y antes de que el Brexit sea efectivo ¿qué podemos hacer?

Solicitar el QTS ¡ya! si es que tienes intención de venirte en algún momento o si aún te lo estás pensando, porque se puede hacer aunque estés en España.

El formulario de solicitud en papel está anticuado y desde hace un tiempo sólo aceptan solicitudes online. Me escribieron hace unas semanas diciéndome que quitase cualquier enlace a la solicitud anterior. Por tanto, me he puesto yo también manos a la obra desde entonces.

Entradas que he actualizado recientemente:

 

Para despedirme te cuento que Shakespeare publicó tres versiones del primer acto de Hamlet. Lo sé de buena tinta porque vi este verano una fantástica exposición en Londres Shakespeare in ten acts”. Conté sin trucos las veces que vi los originales de las publicaciones de Hamlet, y te digo que su obra la actualizó en menos de seis años al menos tres veces entre 1600 y 1606.

Me encanta pensar que ¡los escritos tienen vida propia!.

¿Qué opinas del Brexit? ¡Cómo crees que te afecta? ¿Puedes escribir tu historia a partir del Brexit?