Las 4 recomendaciones de iSa para principiantes

Las 4 recomendaciones de iSa para principiantes

¡Feliz año 2018!

Bienvenido a la 3a. parte de 3 de la mini serie que quedó pendiente allá por el año pasado a finales del mes de Noviembre.

Me ha parecido buena idea, ahora que entra el crudo invierno, el meternos un poquito en faena. Ese es mi nuevo propósito: escribir y escribir lo que sabemos. No solo lo que yo sé (que tampoco va más allá de lo que puede saber cualquiera que se ponga a ello) sino lo que otros nos cuentan con sus experiencias. Hoy, por ejemplo, escuchar de viva voz las recomendaciones que nos hizo iSa (Isabel María) en la entrevista. Con ellas tienes la serie completa de “Una impresionante carrera de diez años como profesora en Reino Unido”. Puedes escuchar o repasar la primera parte y segunda parte. También puedes ver la trayectoria profesional de iSa en forma de infografía más abajo del artículo.

Las 4 recomendaciones que nos hace iSa son una buenísima forma de empezar el año. Sea cual sea nuestro propósito, iSa da tres recomendaciones sobre todo para los que llegan nuevos a Reino Unido. Yo creo que valen en cualquier caso, da igual que lleves mucho tiempo o no, lo que tengas pensado hacer o lo que hayas hecho hasta ahora, estés aquí o allí. Puede que quieras venir a estudiar inglés, puede que simplemente busques trabajo de lo que sea o “trabajar de lo tuyo” siempre se pueden recibir estas sabias recomendaciones. También puedes añadir las tus propias propias en los comentarios ¿por qué no?

No olvides que también lo tenemos en forma de audio al final del artículo.

 

#1 Constancia para poder encontrar oportunidades de trabajo

Hay que ser muy constante, que se puede y que hay oportunidades aquí,

hay oportunidades, hay que buscarla y sin parar”

y algunos lo encuentran antes y otros más tarde pero… Pero sí que se encuentra.

 

# 2 Ser muy abierto con la gente

Las amistades pues es durillo, como cualquier sitio que te mudas. Al principio estás más solo, pero aquí hay mucha gente que se viene y hay mucha mezcla de cultura, es lo que más me gusta de Inglaterra.

En Inglaterra siempre te encuentras gente de todos lados”

Es muy entretenido y, aunque te obsesione no querer hablar en español, por mi experiencia, por la gente que conozco, es muy difícil hacerse amigos ingleses. Claro que te puedes hacer y yo claro que tengo amigos ingleses. Nunca me he querido encerrar en eso porque, me ha costado mucho hacerme amigos ingleses y que duren.

No hay que dejar de lado a españoles, franceses o italianos, al revés, te va a enriquecer muchísimo. Yo ahora, cada vez, tengo una boda es en un país distinto ahora. Es fantástico.

 

#3 Pedir ayuda

Así que: constancia, sé muy abierto con la gente y, por favor, hay que ayudarse, que estamos lejitos de casa, vamos a echarnos una mano.

Hay que ayudarse, que estamos lejitos de casa, vamos a echarnos una mano”

Puedes encontrar grupos de FB y también de whatsup en tu propia ciudad

Esa ayuda no cuesta, y es que se te devuelve. Por cualquier lado se te va devolver seguro, aunque no haya que hacerlo pensando en eso.

Yo he ayudado a mucha gente que venía nueva a Conventry y a mí me han ayudado en todos lados. Sin problema hay que pedir ayuda. ¿eh? “Oye que no sé”: “oye que estoy perdido”: “oye que estoy solo”. Ahora hay muchos grupos por WhatsApp, por Facebook. Pues nada “toda la ayuda que se pueda, buena es”.

También comentaría lo de tu blog, que es el primer paso de ayuda que se puede tener.

A mí a veces me agobia un poco porque hay muchas preguntas en los grupos, pero es muy útil, sobre todo para la gente nueva. En general contestan a todas las preguntas y yo contesto cuando puedo.

—-

Gracias a iSa por sus palabras y recomendaciones. Seguro que nunca está demás tenerlas siempre presente. Y ahora pedirte un +1 a la recomendación mía (también la de iSa) de:

 

#4 Siempre nos quedará From Lost to the Támesis…:)

Ya estaba incluida, pero por si acaso 🙂

Y ahora ¿tú cómo lo ves? ¿Te has unido ya a la lista?

Audio de las 4 recomendaciones de iSa para principiantes

Trayectoria profesional de diez años

Infografía de  “Una impresionante carrera de diez años como profesora en Reino Unido”

Esa parte de ellos que aterroriza Escocia

Esa parte de ellos que aterroriza Escocia

Hace cuatro meses llamaba mi atención la noticia de un anuncio de trabajo en el que se ofrecían 50.000 libras esterlinas, que al cambio deben de ser unos 57.000 euros, vacaciones remuneradas de 28 días y días festivos libres. El trabajo consistía en el cuidado de los hijos de una familia de Scottish Borders, dos niños de cinco y siete años. Según la noticia esta familia llevaba cinco niñeras que habían abandonado el trabajo, ¿El motivo? La casa está encantada.

En otro momento de mi vida hubiera sido tremendamente escéptica con esta noticia. Hubiera sospechado que es el típico texto entretenido con la suficiente cantidad de información, morbo y misterio, una fórmula infalible. Pero en esta ocasión tratándose de Escocia y del pueblo escocés, he de reconocer que pienso que esta noticia posiblemente sea verdad, lo asumo. Este cambio de parecer es debido a que conozco el pueblo escocés de cerca y además, he vivido en Edimburgo y Glasgow las suficientes situaciones que carecen de explicación lógica, como para creer esta noticia. Visto de una manera antropológica, pocos pueblos como los que provienen de los celtas conviven con la muerte con tanta naturalidad en su vida diaria, véase el pueblo gallego. Los caledonios escoceses debieron dejar bien fijada la convivencia y los rituales relacionados con la muerte allá por la Edad de Hierro, ya que a día de hoy, el pueblo escocés tiene muy presente la muerte en su vida diaria.

En la primera casa en la que viví en Edimburgo, durante los primeros diez días, desperté siempre con el edredón en el suelo. Inquieta por la tendencia, una mañana mientras desayunaba con mis compañeros de piso, comenté lo que sucedía. Shona, mi compañera escocesa, me dijo con absoluta naturalidad “son los fantasmas de la casa que te están haciendo saber que estaban ellos aquí antes que tú”. Mi primera reacción fue la de incredulidad, pensé que me estaba vacilando nada más, pero acto seguido el resto de mis compañeros le dieron la razón, asumiendo esto como algo de lo más natural. Como solía hacer, me fui a mi pub de referencia para volcar estas dudas y adquirir una visión global más aproximada del asunto. Efectivamente, la mayor parte de los escoceses a los que pregunté da por hecho que en cada casa habita uno o varios fantasmas y, por norma general, consideran que es debido a que la ciudad es muy antigua y hay muchas personas que han muerto en condiciones muy violentas. Es curioso, mentira repetida verdad aprendida, el caso es que tras hablar de ello con mis compañeros, dejé de despertar con el edredón en el suelo.
A partir de aquí mejor te pinchas este temita, que ahora viene la caña histórica:

A ver cómo te lo explico… en Edimburgo hay rutas de lo siniestro -por decirlo de alguna manera- que son de gran atracción turística, la más famosa es la de The Real Mary King’s Close. Bajo la Royal Mile, en pleno corazón de Edimburgo, se encuentra un complejo de callejones y catacumbas que quedaron soterrados por la obras de remodelación de la ciudad en el siglo XVII. Durante un tiempo esta ciudad subterránea estuvo habitada por las clases más bajas de Edimburgo. No sé si tendrá algo que ver la teoría de la lógica del bucle temporal, la del bucle causal o qué es exactamente lo que allí sucede, pero más allá de la sugestión, en ese sitio se sienten escalofríos sin venir a cuento. Evidentemente el lugar es espeluznante, caminar bajo la ciudad y encontrarte andando a la misma altura que las ventanas de otras construcciones, con todas esas leyendas que rodean las calles y habitaciones de ese lugar, ayuda, pero lejos de este negocio con el misterio, conviene ser consciente de la cantidad de personas que murieron allí por la peste y que convivieron en condiciones infrahumanas allí abajo. Por supuesto, existen tantas experiencias como personas que visitan esta atracción turística, yo lo hice una vez recién llegada no me gustó, más que miedo me pareció claustrofóbico. Aún así me picó la curiosidad y empecé a poner más atención al pasado histórico de Edimburgo. Entre otras cosas me interesé por visitar un par de sitios “especiales”. Hay que tener en cuenta que esta maravillosa ciudad ha sido cuna de grandes mentes que han aportado grandes avances a la humanidad. En el siglo XIX nacía James Young Simpson y nos obsequiaba con el cloroformo, utilizado sobre todo en los partos. Más tarde, en 1844 el doctor Crawford Williamson Long utilizó el éter etílico de manera accidental. Gracias a él, las intervenciones quirúrgicas como las amputaciones dejaron de ser torturas literales. También es importante apuntar que detrás de cada avance en medicina se esconden historias de experimentación con personas moribundas de clases bajas y animales, tal y como te lo pintan en las novelas o peor. La autora de Frankenstein Mary Shelley se basó en la biografía de el doctor James Lind, un reconocido cirujano cofundador de la Royal Society of Edinburgh, que solía experimentar con animales y electricidad. Los famosos Bruke y Hare fueron los autores de los asesinatos de West Port. Diecisiete víctimas cuyos cuerpos fueron vendidos como material de disección al doctor Robert Knox. Este investigador privado, daba clases de anatomía a los alumnos de medicina de la Edinburgh Medical College. Unas clases particulares de lo más macabras.

Llegó el momento como nueva ciudadana en Edimburgo de visitar Arthur Seat, me atraía muchísimo esa forma, desde el primer momento me pareció un elefante sentado. Hay una ruta para subir a la cima de esa colina que está muy bien y las vistas de Edimburgo desde allí son espectaculares, un sitio precioso. Tuve la suerte de subir por primera vez con un guía apasionado por Edimburgo, parecía saberlo todo y nos contó que a principios del siglo XIX unos chicos descubrieron una cueva oculta con 17 ataúdes en miniatura tallados en madera. Dentro de esos ataúdes descubrieron que había 17 figuras humanas vestidas con ropa a medida, como si fueran muñecos vudú. También se baraja la hipótesis de que son una representación de las diecisiete víctimas de los asesinos de Bruke y Hare. Si te apetece ver las miniaturas están en el National Museum of Scotland.

Edimburgo en su totalidad parece un decorado, todo ese gótico junto con el color de la piedra, la lluvia, el frio, la ausencia de luz, todo en ella tiene un halo de misterio, hay callejones bastante lúgubres , por supuesto, muchos cementerios en medio de la ciudad. No es algo exclusivo de Escocia, pero tanto en cantidad como en historia, los cementerios de Edimburgo son espectaculares. El ver pasar a la gente por en medio de ellos para ir a sus respectivos lugares de trabajo, al principio me chocaba bastante, más tarde acabé haciendo uso de sus caminos también. Me costaba, al principio me costaba bastante pasar por ellos, las pocas veces que sale el Sol, en Edimburgo los vecinos se tiran en plancha cerca de las tumbas ávidos de vitamina D. Las tumbas son bastante curiosas y peculiares, las encuentras marcadas con las tibias y la calavera, señal que se les hacía a los fallecidos por la peste y como reclamo para ahuyentar a los saqueadores. Uno de los sitios que de verdad me han dado siempre mucho canguelo es el cementerio de Greyfriasrs Kirkyard, el del perrito Bobby, está justo detrás de la estatua del famoso perrito y la iglesia del cementerio es de estas iglesias que cambia bastante de noche, perfecta para una película de Alex de la Iglesia. Este cementerio no sólo me da mal rollo a mí, no conozco muchos simpatizantes del lugar a pesar de ser uno de los cementerios más bonitos de la ciudad. Hay mucha historia dentro de este cementerio, una de las más famosas es la de Bloody Mackenzie, existen numerosas referencias a este personaje en la red, por si quieres saber en profundidad lo que este histórico capullo llegó a hacer a los Covenanters. El caso es que ese lugar registra altos niveles de… ¿Cómo lo digo, poltergeist? Al parecer se pueden ver, oír y sentir “cosas”. Esto te lo digo ya que está contrastado y documentado -de hecho las autoridades cerraron los accesos a la parte del mausoleo de Mackenzie- por los estudiantes de la Unidad Koestler de Parapsicología (KPU) en la Universidad de Edimburgo, puedes conseguir una Cátedra en Parapsicología. Lo que te venía diciendo, eso de que los escoceses conviven con los fantasmas y la muerte como algo totalmente integrado en su vida cotidiana, más tarde me descubrí preguntándome a mí misma ¿Qué es paranormal y en base a qué concepto de normalidad? Pero la respuesta la reservo para otro post. Que tengas un feliz Halloween.

The Charity Therapy

The Charity Therapy

Las condiciones climáticas en Reino Unido no siempre te lo ponen fácil. Más si estás acostumbrado a un clima de temperaturas medias, con unas precipitaciones medias, a no ser que vivas en Galicia, el clima en UK es un factor que requiere de tiempo para acostumbrarse. Una de las peores cosas que se pueden llevar, son los cielos de color blanco grisáceo que se ven la mayor parte de los días. El clima afecta a la salud y al estado de ánimo en las personas, las bajas temperaturas y la ausencia de luz afloran sentimientos de soledad, tristeza y nostalgia por norma general. El fenómeno conocido como SAD (Seasonal Affective Disorder) que además significa tristeza en inglés, en Inglaterra va más allá de un trastorno afectivo estacional. Un mal día bajo un cielo gris y lluvioso puede llegar a ser un día horrible.

Afortunadamente en Reino Unido existe una alternativa que, a pesar del clima, siempre o casi siempre te alegrará el día; Las Charity Shops. Las charity shops tienen su origen en el siglo XIX cuando el Ejército de Salvación (The Salvation Army) puso en marcha la iniciativa de recaudar ropa de segunda mano para la gente pobre, entre otras acciones caritativas. Tras estallar la II Guerra Mundial, otras organizaciones como la Cruz Roja Británica (The Red British Cross), se sumaron al proyecto con el fin de ayudar a las personas con necesidades. Las charity shops son tiendas de segunda mano donde además de ropa, puedes encontrar todo tipo de artículos que han sido donados por personas que desean simplemente desprenderse de aquello que no usan o quieren. Las organizaciones que respaldan estas “tiendas de caridad” tienen el respaldo gubernamental y existen por una causa social. Además de poder realizar donaciones puedes colaborar con ellos como voluntario y, lo mejor, puedes realizar tus compras allí.

Te propongo pues, una de las mejores cosas que se puede hacer en Reino Unido en esos nefastos días en los que el cielo se te cae encima: The Charity Therapy. No necesariamente necesitas estar SAD para comprar en ellas, pero hacerlo en esos días te puede aportar una sensación especial, porque comprar en una charity shop resta un cuarenta por ciento de consumismo al acto, te distrae del mal día y rara vez sales de ahí con las manos vacías. Recuerdo que en una vez en la que no podía pasar un día más sin que viera algo de cielo, me compré un vestido de novia por 30 libras. Me quedaba como un guante, por cierto, no es que tuviera intención de casarme ni nada de eso, me lo compré y salí de la tienda con una sonrisa de oreja a oreja, tenía un vestido de novia que además fue una ganga. Entré triste como el día a la tienda y salí pegando botes de contenta con los planes para ese vestido blanco. La primera motivación fue encontrarme un vestido de novia por ese precio, he de reconocerlo, y la segunda motivación fue la de disfrazarme, hacer trastadas y gastar bromas, porque la tristeza tiene un efectivo antídoto y es el humor. Además en esto te puedes hacer con diversas rutas, hay charities con más muebles y menaje, otras con más música y libros, por supuesto las que están ubicadas en mejores barrios tienen mejores artículos, pero por norma general está todo en muy buen estado, simplemente esta usado.

La Charity Tehrapy es más completa y efectiva si vas en compañía, pues ya se sabe que cuatro ojos ven más que dos y en estas tiendas puedes encontrar verdaderas reliquias. Si no fuera por el ojo avizor de mi amiga Bea, en una de “esas sesiones de terapia” hubiera perdido la oportunidad de conseguir un tocadiscos portátil de maleta Philips de los años 70, en perfecto estado por 25 libras ¿no está mal, eh? Estar “mantuda” por el clima y salir con una nueva licuadora debajo del brazo, no tiene precio, además fue casi literal, cinco libras esa vez.

Lugares donde puedes encontrar todas las partituras de King Crimson hasta el momento por siete libras, grandes obras literarias a libra por libro, herramientas, todo tipo de ropa usada y seminueva… en definitiva cosas, si, que necesitas o no, pero que te alegran el momento además de servirte de utilidad en un futuro. Como decía antes, el acto consumista se ve reducido en tanto en cuanto sabes que, probablemente la próxima vez que te mudes, vas a donar todo aquello que no te sirva o simplemente de lo que te quieres deshacer. No es el típico “voy de compras”, es un quit pro quo que estableces contigo y con el sistema, un principio de sostenibilidad que también envuelve a estas tiendas o proyectos solidarios, contribuyendo a lo que se conoce como el slow fashion. Seguro que echas un buen rato que te ayude a desconectar, estarás contribuyendo con un proyecto solidario y seguro que sales de ahí con una buena compra. Recuerda practica la Charity Therapy en tus peores días, no te arrepentirás.

La tacaña hospitalidad

La tacaña hospitalidad

Se dice que el escocés es de por si una persona tacaña, un tópico más de los muchos que existen y que difieren con la realidad. Si que es cierto que la sociedad escocesa por norma general, posee una gran capacidad de ahorro y son bastante previsores. Un prueba de ello es el cañón que disparan desde el castillo de Edimburgo. En la capital escocesa se retrasó la hora en la que se disparaba el cañón con el fin de ahorrar en armamento. A día de hoy, a la una de la tarde se sigue escuchando el único cañón, como prueba de su rentabilidad.Desde luego mi experiencia con el pueblo escocés fue todo lo contrario, por norma general es un pueblo divertido y hospitalario.

Llevaba tres semanas en Edimburgo con mi determinación y mi empeño por quedarme allí y tuve un día de estos que se te pone todo en contra. Uno de estos días en los que tanta proyección del dichoso ¿Qué será de mí? te desborda y te tuerce todo lo que te propones. Reconozco que el buscarme la vida en otra ciudad, con otro idioma, sin conocer a nadie y desde cero, es una experiencia llena de altibajos. Antes de llegar, desde España adapté mi currículum según las pautas y recomendaciones que por aquél entonces, el Ministerio de Exteriores y otras entidades tenían disponibles. Cuando llegué a Edimburgo no me sirvió de mucho el modelo europeo que redacté aquí y además de incluir detalles de mi dirección en la ciudad, tuve que cambiar parte de la redacción. Afortunadamente y gracias a uno de los primeros amigos que allí hice, el asunto de mi currículum estaba resuelto y ocasionalmente, me llamaban de extra en un restaurante. Mi sustento allí no estaba resuelto todavía y tampoco tenía piso, dormía en un hostel que me pagaba con horas de trabajo allí y el resto del tiempo lo invertía en buscar, buscar y buscar la manera de arrancar allí. Ese día los nervios me comían y nada me salia bien, buscando la calle del consulado español en Edimburgo, di lo menos cuatro vueltas a la manzana donde me señalaba el callejero y no veía el edificio.

En cuestión de segundos mientras caminaba con toda la frustración del mundo, comencé a llorar, arranqué con un desconsolado llanto que el hombre que venía caminando en dirección contraria, vio desde el primer puchero que hice. Recuerdo que mientras aceleraba el paso extendiendo la mano me decía: No, no, no, don´t cry please, don´t cry. Me cogió de la mano y me ayudó a tranquilizarme. Jhon Macginty del que aún conservo su dirección de correo y con el que no perdí contacto durante toda mi estancia allí. Jhon es un Glaswegian que de vez en cuando viaja a Edimburgo por negocios. De aquella tendría unos 43 años y venía unas dos veces por semana a la capital. Nunca olvidaré su humanidad, su comprensión y por supuesto le estaré siempre agradecida. Cuando conseguí tranquilizarme y poder hablar, le conté que simplemente estaba buscando la calle del consulado español en Edimburgo, que llevaba así como cosa de cuatro vueltas a la manzana y por más que callejeaba no encontraba el edificio. Le pedí mil disculpas pero había llegado the top of my crisis, a todo esto mi inglés dejaba mucho que desear…

A él le hizo cierta gracia la manera en la que se lo expuse y mi situación le arrancó además de ternura una muestra absoluta de hospitalidad y educación. Traté de resolver la situación agradeciendo a Jhon su comprensión e irme lo antes posible para no molestar más a ese trozo de pan. No me dejó, insistió en coger un taxi hasta el consulado y estuvo conmigo en todo momento, yo por deferencia, le invité a un café después de solicitar los formularios y la cita. Me ofreció un contrato de prácticas en su pequeña empresa de Glasgow. Lo primero que hice tras el ofrecimiento fue dudar y sospechar, llegó el prejuicio. Pero su educación estuvo por encima de todo. Me dejó boquiabierta la oferta y la hospitalidad. Yo no lo conocía de nada y siempre he sido muy desconfiada. Rechacé la oferta primero porque yo había decidido vivir en la capital de Escocia y porque, bueno, nunca se sabe. El tiempo y la relación me demostró que no había nada turbio en las intenciones de Jhon y a su vez, él me demostró una hospitalidad y una humanidad que dista mucho de la idea de tacañería que rodea al pueblo escocés y desde luego a mí, me arrancó de cuajo la manía de hacerme ideas preconcebidas.

Burocracia de color de rosa

Burocracia de color de rosa

Tienes ya ciertos años y acumulas unas cuantas horas perdidas en la Administración Pública. Sea por lo que sea y para lo que sea, rara vez sientes que no has perdido tu tiempo haciendo cualquier tipo de trámite. Eso por no hablar de la desagradable sensación que te dejan buena parte de los funcionarios que están al otro lado del mostrador. Esa legión de personas que porta una especie de capa de invisibilidad humana y que te recuerda la inmensa brecha que hay entre tú y tus intenciones para con el Estado. Teniendo suerte te irás del mostrador con mal sabor de boca, otras veces a esos trabajadores les da por decirte todo como si te regañaran por hacer tus trámites.

Por eso cuando te vas a otro país en el que la burocracia es más ligera y el servicio al ciudadano al menos se transmite en apariencia, incluso te sientes en una especie de ensueño. Entras a los lugares donde realizar los trámites, pueden ser bancarios, con el council, da igual, cualquier trámite y no hay tanta gravedad en el ambiente, no hay tanto peso sobre ti. Los colores son más vivos, el ambiente huele a fresa ácida, la gente es más amable. Todo el mundo espera su turno a lo suyo, nadie te toca el brazo para decirte nada, no escuchas ningún resoplido, ni una voz más alta que otra, otro concepto de burocracia.

Llevaba ya un tiempo hecha a esas diferencias culturales y tocaba tomar la decisión de estudiar y sacar más provecho de mi estancia en Escocia. Hablando con una amiga allí, me comentó que en cuanto a burocracia, el sistema educativo de Escocia no era tan complicado. Yo no daba crédito cuando salí de la Edimburgh Napier University donde concerté una entrevista con el departamento de orientación. En ningún momento me preguntaron por las anteriores titulaciones, tampoco si estaban relacionadas, en todo momento se me tomó en cuenta por el mero hecho de tener interés en estudiar, sólo insistieron, y además aún resuena en mi cabeza, en que escogiera la carrera en función de mis gustos y expectativas, sin pensar en nada más. He de reconocer que los primeros estudios que realicé en España los realicé bajo el yugo de las salidas laborales que en un momento dado pudiera alcanzar. En el momento en el que la orientadora me dijo eso, me tembló la barbilla como a Heidi y a punto estuve de ponerme a llorar.

Tomé la decisión después de una de las mejores llamadas telefónicas de mi vida y me trasladé a Glasgow tan pronto recibí la maravillosa carta del Glasgow Metropolitan College para comenzar mis estudios en Producción de Radio. Conseguir esa carta para mí, fue el mejor trabajo de márquetin y venta de mí misma que he hecho nunca. Una vez seleccionada la titulación que quería con absoluta certeza y determinación, busqué la escuela. En este caso la titulación se me ofrecía en Glasgow, entraba en fechas y simplemente quería estudiar. Para la titulación que yo quería pedían un alto nivel de inglés, pero eso no me detuvo y experimenté lo que venía diciéndote al principio de este post, la ligereza burocrática en el sistema educativo Escocés. Fueron al menos tres las reuniones que me hicieron falta con el jefe de estudios de la rama que yo había escogido, para poder comenzar mis estudios allí.

En mi imaginación, en cuanto al trámite, yo visualizaba la formalización de mis estudios allí con un mínimo 750 gramos de papel, sellos estampados en rojo, azul y verde, todo tipo de compulsas e incluso lacro, a la vez que unas cuantas regañinas por ser una ciudadana realizando sus trámites, pero no, lo único que me hizo falta demostrar fue el interés que yo tenía en formarme y la valía que yo tenía para posteriormente, desarrollarme profesionalmente en esos estudios. Nunca le eché tanta imaginación a la descripción de mis aptitudes, si lo hubiera grabado lo hubiera transcrito.

Fácil, fue fácil y tan sencillo acceder a la titulación que yo deseaba -que la parte difícil realizar, los estudios- ya tenía un plus de motivación. Tan sólo una entrevista, una solicitud, una prueba de nivel y mis ganas frente a la cantidad de solicitudes, pagos, sellos, consultas, plazos y regañinas por parte de algunos (muchos) funcionarios en España, por las que en su día tuve que pasar. Sin hablar de la experiencia laboral que pasé mientras estudiaba y trataba de compaginar mis estudios. Según tuve mi horario de clases, sólo tuve que presentarlo en mi trabajo para que me adaptaran las horas de trabajo a mis horas lectivas. Una maravilla, entrar al pasillo del college era como estar en un musical.

Por mi experiencia posterior aquí en España, los trámites a la hora de iniciar cualquier estudio no se han cambiado mucho. Por eso si decides estudiar en Reino Unido, que sepas que estás en lo correcto de alguna manera. En mí queda, aún con el paso de los años, ese buen sabor de boca de conseguir estudiar lo que quería, simplemente por mis ganas e insistencia, sin sufrir las barreras que te impone la burocracia, en países como España. A parte de ese beneficio, el título te abre las puertas internacionalmente, una vez dentro gozas de excelentes recursos, mejoras el idioma y existen determinados descuentos e incluso becas por ser estudiante tanto si estudias part time o full time a día de hoy. Y te aseguro que la experiencia de solicitar cualquiera de estas becas y ayudas no tiene nada que ver con lo que has vivido anteriormente.

Mi yo vehículo

Mi yo vehículo

Estando ya asentada en Edimburgo, llegó la hora de tomar una decisión en cuanto a mi medio de transporte y mi ejercicio físico. Pues bien, ni corta ni perezosa, me dispongo a aunar esos dos dilemas con una maravillosa bici. Eso de ir en bici por la ciudad es algo que una madrileña como yo siempre añora. Además te da un toque cosmopolita que ya es el remate final de todas tus intenciones. Estaba en un país diferente, con una lengua diferente, una cultura diferente, todo diferente y desde luego lo que más me motivaba era hacer cosas diferentes. Usar la bicicleta como medio de transporte era una de las que más me motivaba.

Yo veía circular a los vecinos del barrio de Leith y alrededores, montados en sus bicis, cada cual más bonita y se me caía la baba. Tenían todos un halo de civismo europeo de lo más chic, y yo, empezaba a experimentar con asombro esas cotidianas diferencias entre España y Reino Unido. Esas diferencias que hacen que te descubras diciéndote a ti misma; a ver si es cierto eso de que África empieza en los Pirineos. La mejor opción para comprar una bici, también por aquél entonces, fue hacerlo al más puro escocés, con uno de los proyectos que más ha impulsado el uso de bicicletas en Escocia: The Bike Station. Esta organización recicla, recibe y vende bicicletas desde el año 2002 y además, las tienes de varios precios. Actualmente hay aplicaciones que te indican los mejores recorridos en bici en cualquier ciudad del mundo, pero cuando yo estuve viviendo en Edimburgo, tirábamos de los mapas que te facilitaban en cualquier tienda de venta o reparación de bicicletas. Hoy si te dispones a circular en bicicleta por Edimburgo te aconsejo que le eches un vistazo a Edimburgh Innertube Map. Tienen muy en cuenta los comentarios de los usuarios de bicicletas en la ciudad e incluyen un mapa específico si eres estudiante en Edimburgo.

Por supuesto que viniendo de donde vengo, donde circular en bici es un acto de vida o muerte en muchos casos, me hice con las diferencias en cuanto al reglamento de circulación entre España y Reino Unido, en concreto en Escocia. Me llamó mucho la atención que en Escocia no fuera obligatorio el uso de casco, luego entendí por qué, allí eres considerado un vehículo, el resto son accidentes propios de la circulación, sin más. Lo de circular por la izquierda y estar bien atenta en la diferencia de sentido es algo que, como casi todos, aprendí a base de sustos.

Dispuesta a calcular el tiempo que podría tardar en bici de mi casa al trabajo, cogí mi bici por primera vez para circular por Edimburgo como una más. Tenía absolutamente todo lo necesario para sentirme incluida en ese elenco de cívicos ciudadanos y todo tipo de protecciones. Por supuesto, la bici tenía luces, los frenos funcionaban perfectamente, las ruedas estaban bien y la cadena también. Para tal hazaña, la de montar en bici, me hice con: Un casco, un chaleco reflectante, una rodillera protectora, gomas para sujetar el bajo de los pantalones y a todas estas protecciones y detalles le sumas: el abrigo, el chubasquero y la mochila. Más que una cívica ciudadana del siglo XXI parecía un personaje de Mad Max, pero la idea de utilizar la bici para moverme por la ciudad me gustaba por muchos más motivos.

Enfilada por Leith Walk controlando en todo momento el manillar y circulando por el medio del carril, todo como debía ser, se pone detrás de mi un autobús urbano. Por supuesto el susto fue minino teniendo en cuenta que me esperaba una larga cuesta hacia arriba. Todas las recomendaciones leídas anteriormente no me valieron para nada en ese momento, las pulsaciones a mil por hora, mis piernas a tope de fuerzas, la lengua enrollada en la rodilla. De vez en cuando miraba hacia atrás con cara de pánico y volvía rápidamente la vista al frente, para no mirar demasiado aquella amenaza tan grande que se cernía sobre mi joven cuerpecito. Todo el mundo te advierte de que eres un vehículo más en la calzada cuando montas en bici, pero nadie te dice como sentirte vehículo. Era como en los sueños, que intentas correr y no puedes, pues igual, cuanto más pedaleaba, menos avanzaba o esa era mi sensación.

Cambiaba de marcha y otra vez, pedaleo por allá, pedaleo por aquí esta vez de pie, para dar más impulso y yo con esa inclinación que tenía la cuesta, no podía más. Acostumbrada a los cortos tramos de Madrid por los que utilicé la bicicleta como medio de transporte en un acto de valentía -ya que en Madrid puedes ser considerado muchas cosas, pero en raras ocasiones eres considerado un vehículo si te mueves en bici- ¿Quién me iba a decir a mí que cualquier vehículo, incluido ese autobús iba a respetar mi velocidad y distancia con absoluta normalidad? Yo en aquel momento pensaba en lo joven que era y en lo poco que se debía de estar pareciendo mi cara a la de los felices ciudadanas europeas que montan en bici, con cestita incluida. Debía ser la tercera vez que miré hacia atrás, debíamos ir más o menos por donde cruza Baulfour Street, me di cuenta de que el conductor del autobús se encogía de hombros, en un intento de tratar de comprender esa desesperada carrera que me estaba metiendo cuesta arriba, con cara de pánico. La cuarta vez que miré hacia atrás, ya me di cuenta de las caras de intriga y preocupación de los que estaban sentados junto al conductor. Justo en ese momento descubrí que era un vehículo más en la calzada, una ciudadana europea que utiliza la bicicleta como medio de transporte y el vehículo de atrás, me respetaba, aunque fuera un autobús, ambos podíamos usar el carril. El susto se me bajó de cuajo en cuanto empecé a experimentar el ridículo de aquella situación. Yo, mi maltrecho sentido del ridículo y mi convencimiento ciclista, teníamos que tratar de salir de esa como fuese. En la primera bajada de bordillo que vi, ahí me metí y pude parar frente a un portal, para disimular y asimilar lo que había pasado. Por supuesto, también para coger aire.

Lo que había pasado fue una de muchas diferencias que experimentas en Reino Unido. Muchas de estas diferencias son positivas a favor de su cultura, otras no por supuesto. En este caso esta diferencia te libera y te ayuda a no ir con tanta tensión por la vida. Algo tan lógico como el respeto de las normas de circulación parece relegado a un segundo plano en España. Ni una sola vez recibí un bocinazo, ningún coche me adelantó cerca, nunca sentí que ralentizaba el tráfico aunque a veces yo misma me apartaba por si acaso, era considerada un vehículo más en la calzada y me sentía una verdadera cívica ciudadana europea, afianzada en mi convicción de ciclista urbana. El uso de la bicicleta como transporte es algo que te recomiendo encarecidamente y si tu ciudad lo permite orográficamente hablando, con más razón, sea donde sea. Si puedes utiliza la bici para moverte, son muchas las ventajas. Haces deporte, llegas antes -y si no llueve mucho- puedes disfrutar de tus trayectos por la ciudad sobre ruedas, sin miedo a que alguien abra la puerta de su coche repentinamente.